Autor: MSc Yosvanis Fornaris Garcell
Fecha: 14/09/2018
Fuente: Museo Nacional de Artes Decorativas
Yosvanis Fornaris junto a Miguel Barnet y Gladys Collazo

El Museo Nacional de Artes Decorativas, cito en la intersección de las calles E y 17 en el vedado capitalino, exhibe la exposición “El esplendor de la porcelana China en el siglo XVIII”. La muestra está compuesta por 37 piezas producidas en los hornos de la ciudad de Jingdezhen, provincia de Jiangxi, en la región sur del gigante asiático. Las obras fueron concebidas durante los periodos de reinado de los emperadores Kangxi, Yongzheng y Qianlong, quienes rigieron desde 1662 a 1795. Todas las piezas son colección de la institución y presentan un excelente estado de conservación, a pesar de los siglos transcurridos.

Inaugurada el pasado 24 de julio con motivo de la celebración del 54 aniversario de la fundación del Museo Nacional de Artes Decorativas, asistieron múltiples invitados, entre los cuales estuvieron presente Miguel Barnet, presidente de la UNEAC y miembro del Consejo de Estado, y Gladys Collazo, presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural. La muestra es el ejercicio curatorial resultado de cuatro años de maestría en arqueología, en la especialidad de investigación de cerámica china antigua en la Universidad Cerámica de Jingdezhen, provincia Jiangxi, República Popular China, por parte del MSc. Yosvanis Fornaris Garcell, museólogo y curador de las colecciones de arte asiático del museo anfitrión.

La dinastía Qing 清代 (1644-1911) fue el último capítulo de la historia monárquica e imperial de China. Comenzó con el avance pujante de las fuerzas manchúes que fueron poco a poco derrotando a la decadente dinastía Ming, la cual ya desde hacía algún tiempo mostraba signos de debilidad. Las tropas provenientes de la Manchuria no tardaron en hacerse con el poder y en instaurar su propia dinastía.

A mediados del siglo XVII, el país presentaba un deterioro importante en toda su infraestructura. La guerra de sucesión dinástica, rebeliones internas y conflictos bélicos con naciones vecinas habían dejado bastante dañada la economía nacional. Por ello, el emperador Kangxi (1662-1722) adopta una serie de medidas para rescatar los mejores bríos de la economía nacional, la cual era mayoritariamente agrícola.  

Para el imperio chino y sus diversas dinastías, la producción de objetos artísticos de carácter utilitario había sido siempre una importante fuente de ingreso. Al igual que en otros tiempos, en que la seda china fue altamente demandada, a partir de la dinastía Tang (siglos VII-X) la porcelana China se convierte en uno de los bienes más solicitados por mercaderes foráneos. Durante la guerra, Jingdezhen, el centro neurálgico de producción de porcelana, había sido saqueado en varias ocasiones. En 1672, Kangxi adopta un grupo de medidas encaminadas a la reanimación de la industria cerámica en esta ciudad. Unas de las iniciativas del emperador fue el financiamiento para el rescate de los hornos de Jingdezhen. También dispuso decretos oficiales que permitían mejor dinámica de trabajo, que liberaban al campesino hábil en labores cerámicas artesanales de la responsabilidad de laborar en el campo, para así, dedicarse por entero a su labor como ceramista. El emperador también permite que muchos de los encargos de la corte sean producidos en los hornos populares y no en los imperiales, como había sucedido durante la dinastía Ming.

Hacia finales del siglo XVII Jingdezhen reanuda su producción de porcelana con la mayor disposición de mano de obra posible, incremento de la economía doméstica y acceso a las mejores materias primas que jamás se hayan encontrado. El valle de Sanbao (三宝) proveyó a los maestros artesanos del material necesario para producir un esmalte de muy alta calidad, el cual presenta como rasgo distintivo un tono azulado. Por su parte, las montañas de Gaoling (高岭山) contribuían desde finales de la dinastía Ming con una arcilla blanca –conocida en la actualidad como Kaolin- la cual, debido a sus propiedades químicas, presenta el índice de blancura y dureza más alto en la historia de la porcelana de ese país.

Todo ello posibilitó que los maestros artesanos dedicaran mayor empeño en la producción de porcelanas de alto valor artístico-técnico tanto para el consumo interno, como para la exportación y el uso de la corte. Los artesanos chinos se especializaron en mínimos detalles, lo que permitió disponer de verdaderos maestros en cada etapa del proceso de producción de una sola pieza de porcelana. Los textos escritos en la época, tanto por los chinos como por extranjeros de paso, demuestran cómo en la elaboración de cada objeto de porcelana (contenedor o escultura) intervenían hasta 70 artesanos. Este grupo de acontecimientos y regulaciones adoptadas en favor de la industria en Jingdezhen tuvo un impacto directo en el volumen, desarrollo y calidad de la porcelana producida en esta ciudad a partir de finales del siglo XVII y durante todo el siglo XVIII.

La exposición se ha montado en una de las galerías de exposiciones transitorias del museo, concretamente en la "saleta”, espacio que originalmente fuera concebido como una de las salas de estar de la mansión Gómez Mena. El discurso museográfico de la muestra nos lleva de la mano, cronológicamente, por las distintas tipologías de porcelana producidas en Jingdezhen en los periodos mencionados. En un primer espacio se exhiben 5 piezas de porcelana azul y blanca del periodo Kangxi en las cuales se pueden apreciar una interesante diversidad de formatos y técnicas. La porcelana azul y blanca, originada en la dinastía Yuan (1279-1368), alcanzó posteriormente en la dinastía Ming (1368-1644) un nivel muy alto, sino el que más, y durante la dinastía Qing, en el periodo en cuestión que abarca la exposición, este tipo de porcelana muestra sus últimos bríos, justo antes de sufrir la decadencia durante el siglo XIX. La porcelana azul y blanca del periodo Kangxi es hoy uno de los momentos más importantes en la historia de la manifestación, la calidad de sus pastas cerámica y del esmalte azul cobalto de producción nacional es de las más altas jamás lograda.

Otro núcleo importante en la muestra lo representa un grupo de piezas de finales del siglo XVII, que fueron elaboradas en la técnica WUCAI (五彩) o de cinco colores, definición que hace referencia a la policromía en la porcelana china de finales de la dinastía Ming e inicios de la dinastía Qing. Durante el siglo XIX el francés historiador de la cerámica, Albert Jacquemart, en su obra “Historie artistique, industrielle et commerciale de la porcelain” (París 1862) denomina este tipo como “Porcelana de la familia verde”, nombre que aun hoy se mantiene y sigue siendo utilizado por muchos especialistas en occidente. Desde finales de la dinastía Ming, los ceramistas en Jingdezhen comenzaron a producir una variedad de porcelana que en su decoración empleaba una combinación de esmaltes de alta y baja temperatura. Primero se aplicaba en la superficie de la pieza el esmalte azul cobalto de alta temperatura. Luego de una primera cocción superior a los 1200 grados centígrados, se aplicaban en la superficie previamente vidriada, esmaltes de diversas tonalidades y de baja temperatura, por lo que era preciso cocer la pieza una segunda vez. Muchas de estas obras presentan en su decoración detalles con esmaltes dorados. En los casos de las piezas auténticas, este esmalte dorado se lograba con oro, pero el oro es un metal que funde a muy baja temperatura, por lo que era preciso llevar la pieza por una tercera vez al horno y ser cocida a muy baja temperatura.

Esta técnica cerámica pasó de una dinastía a la otra. Con la llegada al trono del emperador Kangxi, la porcelana de cinco colores (wucai-五彩) o familia verde experimenta el mayor auge y desarrollo artístico, técnico y estilístico. Los expertos historiadores de la cerámica en China y los arqueólogos coinciden en dividir la historia de la porcelana de la familia verde, durante el periodo Kangxi, en tres momentos, a partir de periodo temprano, medio y tardío. En la exposición es posible apreciar, a través de siete piezas, el proceso de desarrollo y evolución de esta tipología.

Un tercer módulo dentro de la exposición nos acerca hacia lo que fue la porcelana de mediados de siglo XVIII, sobre la cual comienza a percibirse una fuerte influencia occidental. La alta demanda de porcelana china por parte de los europeos llevó a no solo consumir el producto tal cual lo ofertaban los mercaderes chinos, sino que llevó a los occidentales a realizar ciertos requerimientos y solicitudes a los alfareros asiáticos. A través de las distintas misiones religiosas, muy bien recibidas por los emperadores, se les entregó a los chinos el esmalte rosado, el cual es de baja temperatura. Comienzan así los ceramistas a producir porcelana FENCAI (粉彩), o lo que Jacquemart definiera como “porcelana de la familia rosa”. Con un carácter exclusivamente de exportación, destinado para el mercado europeo, la muestra nos presenta 7 piezas de porcelana china de la “familia rosa”. Datadas del periodo Yongzheng (1722-1735), las obras responden al gusto y la utilidad del cliente occidental, apreciamos un grupo de platos que muestran una decoración exuberante en este esmalte de origen extranjero, una diversidad de escenas, paisajes y personajes chinos tradicionales, los cuales gozaban de la más absoluta popularidad en el viejo continente.

Especial mención merece una pieza de la vajilla “La Dama del Parasol”. De segunda mitad del siglo XVIII, periodo Qianlong (1736-1795), la pieza es una bandeja redonda, de gran formato dentro del conjunto de la vajilla. Se trata de una vajilla cuyo diseño original fue concebido por el pintor holandés Cornelis Pronk (1691-1759). La compañía de las Indias Orientales de los países bajos le contrató para que realizara una serie de diseños para el mercado doméstico, los cuales serían comisionados a los ceramistas chinos. El diseño muestra dos figuras humanas femeninas, paseando por una zona campestre, una de las figuras sostiene un gran parasol con el que protege del clima al otro personaje, una clara evidencia de las diferencias de estatus entre una sirvienta y su ama. En la escena representada, la figura protagónica alimenta a un grupo de aves acuáticas. La vajilla esta trabajada con una técnica denominada en mandarín como QINGHUA HONGYOU(青花红釉), que hace referencia al empleo de esmalte azul de alta temperatura, el cual se encuentra bajo el vidriado y decorado con esmalte rojo coral de baja temperatura sobre el vidriado. Llama mucho la atención la exuberante utilización de esmaltes dorados. La obra se inserta en un fenómeno conocido como “Chinoiserie”, que no es más que la creación de escenas chinescas realizadas por artistas europeos. Su creador, Pronk, no era solo un reconocido artista plástico en su país, con una obra sólida y madura, sino que también había adquirido mucha experiencia y prestigio diseñando este tipo de escenas para la manufactura alemana de porcelanas Meissen durante el siglo XVIII.

Exhibida durante todo el verano y el mes de septiembre, la exposición “El esplendor de la porcelana china durante el siglo XVIII” es el primer ejercicio curatorial realizado en el Museo Nacional de Artes Decorativas a partir de la colección de porcelana china, de alrededor de 1200 piezas, que se realiza bajo la mirada entrenada de un especialista formado en el país y ciudad de origen de la colección. Esta exposición es también un esbozo de la mejor sección de nuestra colección, la cual sin dudas presenta un volumen amplio de piezas del periodo objeto de estudio, demostrando ser una colección bien interesante y completa en el contexto internacional.