La Tumba Francesa es un conjunto de expresiones músico-danzarias desarrollado en las zonas cafetaleras de Cuba a partir de la emigración de colonos franceses de Haití y sus esclavos de origen africano, a finales del siglo XVIII. Es una tradición que ha conservado sus rasgos originales hasta el presente. La influencia francesa puede apreciarse en sus vestuarios y danzas, que imitan la usanza de los bailes de salón franceses; mientras que en los instrumentos musicales, cantos y toques mantiene su origen africano. Los instrumentos consisten en tres tambores grandes de un solo parche llamados “tumbas”; un xilófono llamado catá; la “tambora”, tambor pequeño de dos parches, y maracas metálicas llamadas “chachás”.

Se manifiesta en comunidades de tres provincias de Cuba: la Sociedad de Tumba Francesa La Caridad de Oriente en Santiago de Cuba; en Guantánamo, la Tumba Francesa Pompadour Santa Catalina de Ricci, y en Holguín, la Tumba Francesa de Bejuco. Sus portadores actuales son la octava generación de practicantes, quienes mantienen y fomentan el respeto a las generaciones que los anteceden, el sentido de pertenencia y la continuidad de la tradición. En cada comunidad el número de practicantes oscila entre 25 y 30, de edades entre los 20 y los 70 años, pero se incorporan en su práctica adolescentes y niños de la comunidad o descendientes. Aunque inicialmente solo los hombres tocaban los tambores, actualmente tanto hombres como mujeres bailan, cantan y pueden tocar los tambores sin distinción

La Tumba Francesa fue declarada por la UNESCO, Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial, el 7 de noviembre de 2003 en París, Francia.